lunes, abril 21, 2014

Clase.

Les voy a contar otra historia. 

No creo en que todo pase por algo. Nada pasa por algo. Las cosas pasan. Punto. Eliges un camino y llegas hasta donde te lleve. No más allá. Pero tienes que tener claro que las cosas son así, si no, la frustración te desarma. Y nadie mi nada te va a salvar de eso. 

Una chica que conocí, quería tener todo lo que no tuvo de pequeña. La mayoría queremos eso. Y es normal que así sea. En la medida que lo podamos conseguir con nuestro trabajo. Pero hay cosas que nunca tuviste, y por mas que lo intentes nunca lo vas a conseguir. Entonces, esta chica, lo único que quería, la pobrecita, era tener alcurnia. O sea, quería tener algo con lo que se nace. Algo que no se compra. Pues bien, pasaron los años y sus relaciones sociales fueron bastante, no sé cuál es la palabra, "gratificantes", probablemente. Y ella pensó que había conseguido lo que siempre buscaba. Lo pensó. Lo creyó. Sé convenció de que estaba en la cumbre de la escala social. Pero un día, alguien le preguntó de donde era. En qué colegio había estudiado. Y ahí recién se dio cuenta de que en este país las cosas funcionan así. La cosa es que tuvo que inventarse un pasado. Una educación que no tuvo, pero que su ausencia era evidente para el resto. Ya saben, "lo que Natura non da…". Pero son las pequeñas cosas las que delatan las mentiras. Pequeñas cosas, quiero decir por ejemplo, tratar a los que tienen un trabajo menos pagado u otra profesión, incluso, como gente inferior. Lo divertido, es que en esta clase de asuntos nadie dice nada. Se calla y se toma distancia. Así, nuestra protagonista se fue quedando sola. Sola de la gente que ella consideraba digna de ser parte de su círculo. Y se empezó a rodear de gente igual al ella. Mientras todos los demás la veían como una persona pobre. Pero pobre de adentro. Un triste ser humano. 

Mi reflexión inicial apunta, precisamente, a que cuando se elige un camino. Un estilo de vida que podría pensarse que no te corresponde, está bien. Pero vas a llegar a un punto de no retorno. Donde tendrás que enfrentar la verdad. Tu propia verdad. Esa que te negaste para llegar donde estabas. No estoy pensando que esto pase mañana. O la próxima semana. Probablemente sea el último pensamiento antes de morir. O no. Pero eso no quita que sea cierto. 

Hace un tiempo me di cuenta de casi todas mis circunstancias. Las que uno no puede cambiar. Encubrir un poco, sí. Pero cambiarlas, jamás. Las asumí como parte de lo historia. De lo que soy. Porque son marcas de nacimiento. Así que o te gustan o las maquillas. Pero no van a dejar de estar ahí. Juzgándote. Para siempre. 



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