En artes marciales, “abrir el golpe” quiere decir, preparar al oponente con un movimiento que parece un ataque, para que reciba el verdadero golpe, el que, en algunos casos, puede ser letal. La gracia está en que es el oponente el que baja la defensa, engañado por un falso ataque. Dejándose solo a merced del contrincante. Y sin tiempo para sentirte un poco tonto, siquiera.
Ahora, si lo piensas, puede abrirse un golpe en cualquier otra circunstancia.
Recuerda algo que te haya sucedido. Algo que no esperabas. Algo que de verdad te dolió. Algo que te paralizó incluso. Algo por lo que sentiste que ibas a morir. Ahora, recuerda lo que sucedió inmediatamente antes. Pues bien, te cuento que eso que no esperabas, se veía venir. Estaba ahí, ante tus ojos, todo el tiempo. Y cuando tu sonrisa se volvió pánico por lo que iba a suceder, recién te diste cuenta que era el final. Pero fue demasiado tarde. Ya estaba hecho. No tenías defensas. El golpe estaba abierto y lo mejor era cerrar los ojos y abandonarse al dolor. Total, ¿cuánto podría durar?
Luego, cuando todo pasa, te sientes tonto y humillado, porque pensaste que pudiste evitarlo sólo estando atento a la guardia. Pero eso, a veces, no es suficiente. Cuando eres la victima de un golpe medianamente bien preparado no hay mucho que hacer. Además, hay momentos en que simplemente no esperas que algo así suceda. Luego, no tienes guardia. Esa circunstancia convierte el abrir el golpe en algo infame y cobarde. Alevoso. Algo a lo que no debes dedicarle más tiempo del que necesitaste para volver a ponerte de pie, avanzar, encontrar una pelea y ganarla con este truco nuevo que has aprendido.

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