domingo, enero 12, 2014

Lo que mereces.

No recuerdo la última vez que conté una historia, pero fue hace mucho tiempo de aquello. Y no es que no haya pasado nada digno de ser contado, sólo fue que prometí dejar mi vida para mí. Pero ahí tienen otra promesa rota. No podía ser de otro modo. No cumplo lo que prometo por una razón bien simple, no creo en hacer lo que no quiero hacer. Pues bien, hace dos años conocí a una chica distinta de las que había conocido. Pero esta tenía una particularidad muy especial: sacar lo peor de mí. Y ahí estaba yo, casi un año y medio después de aquello juntando mis pedazos y volviendo a armarme. Pero no quedé igual. Nadie queda igual. Sin embargo, lo que pasó, lo que viví, no viene al caso. Lo realmente importante fue lo que pasó después. Hace unos cuatro meses cuando volvía a casa desde la oficina. Recibí una llamada de una chica que había conocido en una fiesta. Me invitaba a salir. Sí, a mí. Fue raro sentirse considerado como la parte pasiva de una cita. Y era exactamente lo que quería. No iba a hacer nada por nadie que no me motivara, pero tampoco iba a dejar pasar ninguna ocasión de estar con alguien que no pida nada a cambio. Bueno, casi nada. Salimos aquella noche y a la mañana siguiente, cuando regresaba a casa para cambiarme de ropa e ir a trabajar, una idea  se fijó en mi mente: recibiría cada bala disparada por una mujer, pero no iba a caer. Nunca más. El costo serían ellas mismas. Por apuntar donde no corresponde. Evidentemente, también me di cuenta de otra cosa: no iba a ser la buena persona que siempre he pretendido ser ¿por qué? Porque no tiene sentido. Muchas personas actúan por la recompensa que piensan que la vida les debe. Malas noticias. La vida no le debe nada a nadie. Todo lo que tienes es lo que te has ganado. Tienes la vida de mierda que tienes porque te has cagado en todos, pensando que eso iba a quedar así.  Simplemente porque se te debía ¿Y en razón de qué? De nada. La inocencia no hay que probarla. Y lo que recibes de vuelta es exactamente lo que has dado. Si has dado felicidad porque esperas felicidad a cambio no vas a recibir una mierda. Porque hacer las cosas bien es en sí la recompensa. Eso no te lo enseñan en ninguna terapia. Cambiar un punto de vista de un modo tan sutil es el resultado de las experiencias. Y si son malas, más te vale aprender algo. Porque nadie, en serio, nadie, va a cargar gratuitamente con tu pequeña vida. Bueno, probablemente haya alguien tan estúpido como lo fui yo o como lo has sido tú. Siempre hay alguien. Pero nada dura para siempre. Ni el dolor, ni la felicidad, nada. Pero eso ya lo sabían.


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

No hay comentarios.: