No recuerdo la última vez que
conté una historia, pero fue hace mucho tiempo de aquello. Y no es que no haya
pasado nada digno de ser contado, sólo fue que prometí dejar mi vida para mí. Pero
ahí tienen otra promesa rota. No podía ser de otro modo. No cumplo lo que
prometo por una razón bien simple, no creo en hacer lo que no quiero hacer. Pues
bien, hace dos años conocí a una chica distinta de las que había conocido. Pero
esta tenía una particularidad muy especial: sacar lo peor de mí. Y ahí estaba
yo, casi un año y medio después de aquello juntando mis pedazos y volviendo a
armarme. Pero no quedé igual. Nadie queda igual. Sin embargo, lo que pasó, lo que
viví, no viene al caso. Lo realmente importante fue lo que pasó después. Hace unos
cuatro meses cuando volvía a casa desde la oficina. Recibí una llamada de una
chica que había conocido en una fiesta. Me invitaba a salir. Sí, a mí. Fue raro
sentirse considerado como la parte pasiva de una cita. Y era exactamente lo que
quería. No iba a hacer nada por nadie que no me motivara, pero tampoco iba a
dejar pasar ninguna ocasión de estar con alguien que no pida nada a cambio. Bueno,
casi nada. Salimos aquella noche y a la mañana siguiente, cuando regresaba a
casa para cambiarme de ropa e ir a trabajar, una idea se fijó en mi mente: recibiría cada bala
disparada por una mujer, pero no iba a caer. Nunca más. El costo serían ellas
mismas. Por apuntar donde no corresponde. Evidentemente, también me di cuenta
de otra cosa: no iba a ser la buena persona que siempre he pretendido ser ¿por
qué? Porque no tiene sentido. Muchas personas actúan por la recompensa que
piensan que la vida les debe. Malas noticias. La vida no le debe nada a nadie. Todo
lo que tienes es lo que te has ganado. Tienes la vida de mierda que tienes
porque te has cagado en todos, pensando que eso iba a quedar así. Simplemente porque se te debía ¿Y en razón de
qué? De nada. La inocencia no hay que probarla. Y lo que recibes de vuelta es
exactamente lo que has dado. Si has dado felicidad porque esperas felicidad a
cambio no vas a recibir una mierda. Porque hacer las cosas bien es en sí la
recompensa. Eso no te lo enseñan en ninguna terapia. Cambiar un punto de vista
de un modo tan sutil es el resultado de las experiencias. Y si son malas, más
te vale aprender algo. Porque nadie, en serio, nadie, va a cargar gratuitamente
con tu pequeña vida. Bueno, probablemente haya alguien tan estúpido como lo fui
yo o como lo has sido tú. Siempre hay alguien. Pero nada dura para siempre. Ni el
dolor, ni la felicidad, nada. Pero eso ya lo sabían.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario