Recuerdo días de sol sin gente en las calles. El tiempo detenido en las veredas. Yo pasaba y todo seguía donde estaba. Yo dormía y acaso soñaba y despertaba y todo seguía exactamente en el último lugar que recuerdo haberla visto. Pero sobre todo recuerdo el color de todo. Amarillo. Como el camino de vuelta a casa. Por entre las cortinas azules el amarillo de las mañanas y por entre las cortinas rojas el amarillo del atardecer. Y todo seguía tal cual. Recuerdo un par de veces en que salí a caminar y siempre terminaba en la casa pensando dónde diablos se había metido todo el mundo. Mi lucidez no entendía nada. Mi lucidez vagaba por la casa y se preguntaba dónde estaba yo. Mi lucidez paseaba por la ciudad buscando algo bueno que tomar. Mi lucidez se emborrachaba y era yo el que veía todo como una película muda. Era yo el que conducía de vuelta a casa preguntándose si ese puto sol amarillo sería lo primero o lo último que recordaría de aquellos días.

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