domingo, abril 12, 2015

Domingos dominicales.



Conozco un restaurante que es como viajar en el tiempo. A los ochentas. Una fuente de soda. Un sueño de infancia con olor a frituras y cerveza reposada. La gente que trabaja ahí me saluda y me pregunta cómo estoy. Saben qué quiero comer. Saben qué quiero beber. Es como estar en casa. O en la casa de otro igual a mí pero hace treinta años. Suena música que me recuerda a mi tía haciendo aseo o a mi nana preparando la comida. A tardes en el patio mirando devotamente a mi mamá. Dejándome regalonear. A domingo silencioso y sin nada que hacer más que ser sorprendidos por algún terremoto. Ese lugar me devuelve a una época que viví de niño, pero estoy seguro que habría sido así como es ahora. Conmigo en una mesa con asientos de respaldos cubiertos con cuero falso. Cabemos cuatro, pero estoy solo. Mirando hacia la puerta. Viendo a los indecisos titubear antes de entrar o seguir su camino. Pensando en lo agradable que es estar ahí con mis pensamientos. Es domingo. Tengo resaca. No sé que año es, en realidad. 


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

No hay comentarios.: