viernes, abril 03, 2015

El Único Escenario Final








Generalmente pensamos en las posibilidades como un espectro de situaciones que se abre hasta el infinito, pero es también una posibilidad que ese infinito de situaciones, no importa la opción que tomemos, nos puede llevar solo a un resultado. Algunos lo llaman destino. Yo prefiero bautizarlo como "el único escenario final". Porque el curso de nuestros actos no está guiado por una mano invisible, sino por el antojo de hacer lo que uno quiere. En este escenario, no importa lo que hagas o digas. El resultado siempre será el mismo. Es como insistir con una persona a lo que no le gustas o que no le interesas. Da lo mismo qué hagas. No importa si tomas el único camino a su corazón. A veces, las puertas simplemente están cerradas para ti. Y eso no es destino. Es la única opción que existe. Por suerte, eso no es lo que normalmente ocurre. Las posibilidades se abren y subsisten todas al mismo tiempo. Algunos piensan que elegir algo elimina el resto de las alternativas. Yo considero que dichas alternativas subsisten para cada uno. Y son las que le dan consistencia a los universos personales. Qué tal como el universo de todos, hasta cierto punto se expande. Llenado el gran vacío del infinito. Vemos nuestras vidas de un modo lineal. Que comienza con nuestro nacimiento o, si se quiere, en el momento en que podemos decidir por nosotros mismos, aunque no tengamos conciencia de aquello. Y concluye con nuestra inevitable muere. Que tampoco, normalmente, depende de nuestra voluntad. Así, nuestras decisiones son solo un producto en en gran estante de supermercado de nuestra existencia. Elegir una cosa en particular no implica que las demás desaparezcan. Tenemos la suerte en nuestro mundo físico, de que podemos volver a elegir. O, si queremos, podemos tomar todas las opciones que se nos ofrecen. 




Ahora, no elegir nada. No decidir, es en sí una elección. Optas por la inacción. Lo que no significa que no vaya a pasar nada. Porque nos creemos tan el centro de todo es que pensamos que la inacción implica que todo a nuestro alrededor se detenga, hasta que por fin hagamos algo. Pero la verdad es que siempre algo te va a sacar de ese letargo existencial. Y no lo vas a ver venir. Porque piensas que tú decides lo que pasa. Y, finalmente, lo que te pasa no es lo que tu quieres. Tu opción es tomarlo con resignación o sufrirlo. Yo he decidido recibir lo que pase con una buena actitud. Así, al menos, me queda la sensación de que en lo que mi respecta, estoy haciendo las cosas bien. 






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